¿Qué pasó con los más de 700 cajones pesqueros encontrados en las playas de Madryn? Entre la impunidad industrial y el vacío de fiscalización

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La reciente aparición de más de 700 cajones pesqueros diseminados a lo largo de las playas céntricas de Puerto Madryn volvió a exponer la fragilidad de los controles sobre los pasivos ambientales que genera la industria marítima en el Golfo Nuevo. El hallazgo registrado a escasos metros del muelle operativo superó la indignación habitual por la suciedad en la arena para reinstalar un debate de fondo vinculado al descontrol en el estibaje, la falta de trazabilidad de los pertrechos comerciales y la ausencia de sanciones efectivas contra las empresas responsables.

Mientras los relevamientos de la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente municipal confirmaron el retiro de 750 recipientes plásticos en dos jornadas de trabajo, la postal de los cajones acumulados en la rambla dejó al descubierto el contraste entre el hermetismo corporativo y el esfuerzo ciudadano. La gravedad del episodio se profundiza al comprobar que dos semanas atrás ocurrió un incidente similar en las playas de la zona sur de la ciudad, de donde se retiró más del doble de estos desechos sin que hasta el momento se conozcan explicaciones oficiales claras ni multas aplicadas a las operadoras.

El esfuerzo vecinal frente a la inacción estatal

El peso de la respuesta inicial recayó en un grupo de habitantes que recorría la costa y decidió meterse al agua para rescatar el plástico antes de que la subida de la marea lo arrastrara mar adentro. «Cuando levantamos la mirada y vimos que había centenares de cajones, nos dio mucha impotencia», relató Shirley, una de las ciudadanas que impulsó el retiro manual de los residuos. La vecina explicó que suele ser habitual encontrar pertrechos marítimos en las playas más alejadas por la acción de las corrientes, pero remarcó con sorpresa que «en el medio de la ciudad nunca vimos esa magnitud de cajones».

El operativo ciudadano se desarrolló en un sector céntrico y a plena vista de las autoridades marítimas, una situación que profundizó el malestar de quienes colaboraban en la costa. «Más que nada me indignó que, estando frente a Prefectura y frente al puerto, nadie haya hecho nada», denunció Shirley, quien precisó que dieron aviso formal a las dos y media de la tarde y trabajaron hasta las seis sin asistencia de ningún organismo público. La vecina lamentó además la falta de solidaridad de los transeúntes al recordar que «era un día lindo y había muchas personas caminando, pero nadie nos ayudó».

Marcas visibles y una trazabilidad inexistente

Uno de los datos más contundentes del hallazgo radica en que los recipientes plásticos no eran anónimos y su propiedad era fácilmente comprobable a simple vista. La voluntaria confirmó que «los cajones sí estaban identificados en su mayoría» y que lograron fotografiar las insignias y marcas comerciales impresas en el plástico, además de divisar en el mar flotando dos pallets de madera que evidenciarían fallas en la manipulación portuaria o en las cubiertas de los buques.

A pesar de las pruebas visuales sobre el origen de la carga, la opacidad del circuito pesquero impide que las firmas asuman los costos ambientales y económicos de estos derrames continuos en el golfo. «Es increíble que a un barco le falten 700 cajones y todavía no hay un responsable», cuestionó Shirley al exigir un control estricto sobre las empresas y el estibaje, advirtiendo que la falta de protocolos operativos provoca que junto al plástico también aparezcan «frutas, verduras y hasta un pack de cintas Scotch» que caen al mar por descuido industrial.

De la postal turística al peligro de los microplásticos

El desinterés de quienes paseaban por la rambla sin colaborar con la limpieza motivó una fuerte crítica de la vecina hacia la hipocresía social en torno a la conservación marina en la ciudad. «Fue indignante ver la cantidad de gente que pasaba por al lado nuestro y no nos ayudó ni a sacar un cajón, y después los ves a todos subiendo los videítos con la ballena», disparó Shirley al cuestionar la mirada individualista y ajena sobre el cuidado del planeta que habitamos.

Más allá del impacto visual en la costa, la permanencia de estos desechos en el agua genera un daño biológico grave y silencioso al fragmentarse por el oleaje. «La gente no sabe que ese plástico enorme que está flotando en el mar después termina en nuestro torrente sanguíneo», alertó la ciudadana, tras recordar un dato científico irrefutable al señalar que «si comés peces, sabés que estás consumiendo plástico». Para cerrar, Shirley reconoció la utilidad de las tareas de remoción que realiza el municipio, pero sentenció que «las limpiezas solo funcionan como parches» y que el desastre seguirá repitiéndose como desde hace años si el Estado no ataca el problema de raíz.

Contradicciones ambientales y el reclamo de sanciones

Desde la fundación Sin Azul No Hay Verde coincidieron con el diagnóstico vecinal y advirtieron sobre la gravedad sistémica del escenario. El coordinador de la organización, Juan Coustet, remarcó que el hallazgo de los recipientes «no es un hecho aislado» sino una crisis que persiste y aumenta con el paso del tiempo. Para dimensionar el impacto, el referente ambiental recordó que una investigación reciente del proyecto MARES reveló que aproximadamente el 90% de la contaminación plástica en las costas de Chubut proviene de la actividad pesquera.

Frente a ese panorama estadístico, Coustet exigió terminar con la impunidad del sector y aclaró que la situación no se resuelve únicamente con intervenciones en la arena, sino que el Estado debe avanzar en identificar y «sancionar a los responsables».

El referente consideró contradictorio y preocupante que la comunidad pague este pasivo ambiental a tan poca distancia de un área protegida y Patrimonio de la Humanidad como Península Valdés. En un contexto donde la provincia apunta a la conservación mediante la creación de nuevos parques y la declaración de monumentos naturales, desde la fundación recordaron que la basura termina impactando en el suelo chubutense sin importar si los buques operan bajo jurisdicción nacional, y lanzaron un firme reclamo para que las autoridades empiecen a tomar «medidas efectivas para que deje de pasar».