Desde Sin Azul No Hay Verde llevamos mucho tiempo luchando por la protección del Mar Argentino y su biodiversidad. Hoy queremos hablarles de un problema urgente que nos afecta a todos: la falta de transparencia en la pesca. ¿Quiénes están explotando nuestros recursos? ¿Cómo lo hacen? ¿Bajo qué condiciones? Esas preguntas no deberían ser un misterio, pero desafortunadamente lo son.
Lo que no sabemos nos perjudica
Cada año, toneladas de pescado se extraen de nuestras aguas, generando enormes ganancias para múltiples empresas. Pero, ¿sabías que el acceso a la información sobre estas actividades es casi imposible? Los laberintos burocráticos hacen sucumbir hasta el espíritu más insistente.
Las Cuotas Individuales Transferibles de Captura (CITC), que determinan quién y cuánto puede pescar, se asignan a puertas cerradas, sin la participación de la ciudadanía. Si bien las empresas pagan un canon por explotar estos recursos, la sociedad no tiene forma de saber si se hace de manera justa y sostenible.

Además, sólo cinco especies comerciales están cuotificadas en Argentina: merluza negra, merluza de cola, merluza polaca, merluza común y vieira patagónica. El resto es explotado mediante el sistema de pesca «olímpica», en el que cada barco captura lo que puede hasta que se alcanza el límite total permitido. Este sistema genera una competencia feroz y puede llevar a la sobreexplotación.
Sin información, no hay control
En muchos países de la región, como Chile, Brasil o Uruguay, existen registros públicos de embarcaciones y permisos de pesca. En Argentina, no. Aquí, la información está dispersa, desactualizada y es de difícil acceso. Sin estos datos, es imposible saber quiénes están detrás de la industria pesquera, cuántos barcos operan y si han cometido infracciones. Esta falta de transparencia abre la puerta a la sobrepesca, el abuso de licencias y la contaminación de nuestros mares.

Un problema adicional es la falta de claridad en la aplicación de sanciones. La Ley Federal de Pesca establece penalidades para quienes infringen las normas, pero no existe un acceso claro a los registros de infracciones y sanciones aplicadas. ¿Cuántos barcos reinciden en prácticas ilegales? ¿Se aplican las sanciones de manera efectiva? Quien sabe.
Los capitales extranjeros y la pesca fantasma
Cada vez más, las empresas de origen extranjero, en especial de China, están tomando el control de nuestra flota pesquera. A través de la compra de empresas nacionales y la incorporación de nuevas embarcaciones, estas compañías han llegado a controlar más del 50% de la flota potera (dedicada a la pesca de calamar) y más de 60 barcos de bandera argentina. Sin un registro claro y público, resulta difícil saber cuántos barcos están operando en nuestras aguas y bajo qué condiciones. La presencia de estos actores, muchas veces con antecedentes de pesca ilegal, debería ser motivo de alerta, pero sin datos claros, seguimos a ciegas.
Otro punto preocupante es la existencia de permisos de «gran altura», que permiten pescar fuera de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina. Sin embargo, estos permisos son casi inexistentes en la práctica, debido a los costos operativos y a la presencia agresiva de flotas extranjeras justo en los límites de nuestra ZEE.
Exijamos lo que nos corresponde
La Constitución Nacional y acuerdos internacionales como el Acuerdo de Escazú garantizan nuestro derecho a la información ambiental. No es un favor, es un derecho. Desde Sin Azul No Hay Verde creemos que es hora de que Argentina cuente con un registro público de embarcaciones pesqueras, donde cualquiera pueda consultar quién pesca, qué especies captura y si respeta las regulaciones.

Otros países han avanzado en la transparencia del sector pesquero con iniciativas como las que promueve la Fishing Transparency Coalition o la Fisheries Transparency Initiative (FiTI), como la publicación de datos sobre las embarcaciones, las cuotas asignadas y el estado de los recursos. Argentina debería seguir este camino.
El futuro del mar en manos de todos
Nuestro océano es una fuente de vida, pero sin control ni información, su futuro está en riesgo. No podemos permitir que la pesca siga siendo un negocio opaco en manos de unos pocos. Necesitamos reglas claras, datos accesibles y un control real de la actividad.
Si queremos un mar sano y abundante para las próximas generaciones, la transparencia es el primer paso.